En qué consiste
La Fundación PINNAE abre el año 2026 con la exposición temporal El Penedès con ojos de Gaudí. El vino y su gente, una propuesta que invita al público a adentrarse en el universo vital y creativo de Antoni Gaudí i Cornet (1852–1926), que con motivo del centenario de su muerte se quiere dar a conocer desde una perspectiva poco conocida: su relación con el territorio del Penedès y con la cultura del vino.
¿Qué incluye?
El proyecto ofrece una oportunidad para redescubrir la potencia creativa del genial arquitecto y profundizar en algunos de sus vínculos más personales con el Penedès, así como para dar a conocer su relación con el mundo vitivinícola, a menudo poco explorada en los relatos tradicionales sobre Antoni Gaudí i Cornet. En este sentido, la muestra pone en valor su método de innovar desde la tradición y el magisterio que recibió de insignes penedesenses en el contexto cultural y social de la época.
Gaudí y el vino
La visita propone un viaje a los orígenes vitales y creativos de Antoni Gaudí i Cornet, poniendo de relieve su profunda conexión con la naturaleza, la tierra y el territorio. Su infancia, marcada por una salud frágil, lo llevó a largas estancias en la masía familiar de Riudoms, donde el contacto con el mundo rural y el trabajo agrícola modelaron una mirada atenta y comprensiva, fundamento de su obra futura.
Arraigado al país, Gaudí hereda de su familia, vinculada a Vilafranca del Penedès y al oficio de calderero, un lenguaje de formas, volúmenes y materiales que transformará en arquitectura. Durante su formación en Barcelona, la relación con el Penedès se intensifica a través de pensadores e intelectuales clave, y se concreta en visitas documentadas, como la de noviembre de 1880 a Vilafranca y Olesa de Bonesvalls, donde observa con rigor científico edificios, estructuras y elementos ceremoniales.
La vinculación con el territorio se hace también física: Gaudí elabora planos topográficos de fincas vitivinícolas, y las canteras del Garraf, de Olèrdola y de Masllorenç suministran la piedra de sus grandes obras. El vino, para Gaudí, es un acto social y casi sagrado, una celebración de la vida que cristaliza en edificios como el Celler del Garraf, concebido como un templo dedicado al fruto de la tierra.
En un contexto de modernización y progreso, el arquitecto aplica su máxima de no tirar nada, reutilizando fragmentos de botellas de cava de Sant Sadurní en las chimeneas de la Pedrera, convirtiendo un gesto cotidiano en alquimia poética. Su arquitectura dialoga con símbolos colectivos como los castells, una analogía formulada por Cèsar Martinell y confirmada por Yasuo Matsukura, que interpreta las torres de la Sagrada Familia como una piña de piedra en movimiento.
El legado de Gaudí arraiga con fuerza en el Penedès a través de arquitectos influidos por su magisterio, como Santiago Güell, y se extiende en las Catedrales del Vino de Cèsar Martinell o en el Celler Codorníu de Puig i Cadafalch. Así, la obra de Gaudí se revela inseparable del paisaje penedesense: en cada curva, en cada piedra y en cada juego de luz late un fragmento del Penedès, recordándonos que este genio universal también es hijo de esta tierra.